Hoy renuncio al lasallismo. Si, esa etiqueta que llevaba pegada en la piel me la desprendo hoy, y echara sangre por un rato, pero es sencillamente imposible de seguir llevando. Mis principios me dicen que no puedo seguir perteneciendo a un grupo con el que divergo. Se acabaron las cantaderas del "Colegio de La Salle tan querido", las misas del 15 de Mayo, las idas a las verbenas. ¿Las amistades? Esas quedan. Alguna vez subiré a cuestionar al Maestro Jedi, a saludar a Polywka, a comerme una pizza servida por Carmen.
Pero hasta ahí. Mi gran vínculo con La Salle murió. Es un muerto al que ya no puedo seguir llorando. Años dedicado a hacer algo como Enescena trascender llegaron a un punto muerto cuando la nueva Junta Directiva decidió apuñalarlo por la espalda. Ninguna otra institución extra-curricular le ha traído tantas satisfacciones al colegio en tan corto tiempo. Diecisiete años. Solamente yo, desde mi pequeño hueco en la cabina tengo tres premios y 5 nominaciones. Eso ya no importa. El PEL (Proyecto Educativo Lasallista) se lo pasaron por el forro. Nada de autonomía para los alumnos. Esa vaina es de maricos. Mejor regresamos a la escuela victoriana, al modelo memotécnico. ¿Consentidos del Hermano Diego? ¡Queménle las aldeas! Así parece haber ocurrido todo.
Claro, todo el proyecto Enescena empezó como una jodedera, nadie esperaba que llegara tan lejos. Yo no estuve en la primera reunión -ni la segunda, ni la tercera-, de hecho, me pareció raro que Veiga me llamara a ver un ensayo porque yo siempre estaba metido en mis peos de BAsket y descoser la liga. Fue la sorpresa más grata de mi vida. Me enamoré del Teatro. Esa primera generación no se lo tomó tan en serio, pero sentó las bases de, tal vez, el grupo de teatro más creativo en LA HISTORIA DEL TEATRO ESTUDIANTIL VENEZOLANO. Y yo que me había arrechado proque le habían dado la dirección del grupo a Juan Carlos Souki. ¡Bicho! Gabriel era un visionario.
De allí en adelante, el teatro pasó a otro nivel. Dejamos de organizar festivales -una lástima, pero eso si no tenía sentido con la basura de teatro que tiene el colegio-, y empezamos a montar espectáculos. La última década maduramos hasta ser una fuerza, una voz escuchada en el circuito de Teatro Estudiantil Venezolano.
Y entonces, vino esto. Directores impuestos (Enescena era la cosa menos democrática del mundo, pero funcionaba porque se imponía desde dentro), reacciones y contrareacciones, hasta que finalmente la apatía se adueñó de todos. Si es cierto que antes tuvimos una etapa gris, donde eramos los "diferentes", los negreados, pero nunca dejamos de tener el apoyo del colegio. Y el colegio, en pleno proceso de solidificación de la entidad, nos abandonó. Yo no busco sangre, pero EXIGO una explicación a los responsables.
A María Elena Molina, directora en funciones del Colegio, ¿Qué pasó? ¿Venganza por la rebelión contra TU profesor de Teatro? ¿Desconocimiento previo de causa? o ¿Reevaluación de las actividades extra-curriculares? Es Usted una necia, en el sentido literal de la palabra -sugiero lea el Diccionario de la Real Academia Española antes de emitir su juicio-. Usted no sabe cuanta gente se ha formado en el espacio que de un plumazo ha borrado. Profesionales líderes en las áreas de la comunicación, las artes y la academia han pasado por las tablas lasallistas. Pero supongo que a Usted eso no le importa. Prefiere seguir con su Modelo Macariano de Lasallismo. Estudios demuestran que la participación de los alumnos en actividades extra-curriculares los motivan a estudiar más y mejor, porque en esas actividades representan a una institución, se sienten parte de una comunidad. Pero supongo que esas son patrañas, que hay que seguir ahorrando para mejorar el colegio. Un colegio que, físicamente, está en su peor estado en AÑOS -y mire que ya yo voy para un cuarto de siglo CONTINUO viéndolo-, pero no, supongo que tiene mejores cosas que hacer.
En realidad lo que más me decepciona es la mirada ajena de la Comunidad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. ¡Verguenza debería darles a Ustedes seguir llevando el título al ver atropellado algo que tanto bien ha producido al Colegio! Si, es con todos. Con Carlos, por quitarnos su apoyo incondicional desde el principio del proyecto y hacer mutis a la hora de las pequeñas. A Leonardo, por desestimar el valor de un proyecto QUE SUS PROPIOS COMPAÑEROS DE AULA fundaron (Si, yo estudié con él), y que sabe que maduró de una jodita a tal vez la actividad extra-cátedra mejor llevada dentro del colegio. A Iñaki, porque no se donde anda, y a todos los que alguna vez pasaron por La Colina, vieron al grupo de teatro del colegio y voltearon la cara cuando esta señora lo mató.
Pero lo peor es la apatía del estudiantado. Comienzo a creer que la educación lasallista de principios del siglo XXI crea borregos consumistas que no conocen más allá que debajo de la falda de sus madres. Individuos pensantes, como los que colmaron las aulas de La Colina en las tres décadas anteriores, son ahora una especie en vías de extinción. Ellos pierden sus espacios y ni siquiera se dan cuenta porque de verdad no les interesa. No aman la camisa, al menos no del modo en que mi generación la amaba.
Por eso renuncio al lasallismo, pero sigo siendo miembro del Grupo Teatral Enescena. Está en mi código genético. Es mi hijo grande que parece no va a llegar a la mayoría de edad. Gracias a Gabriel, Juan, Andrea, Ronald y Oscar por todo su esfuerzo delante del proyecto. Gracias a los cientos de miembros a través de 17 años de gran historia. Tratemos todos de salvar el barco. Aún hay esperanzas...
martes, noviembre 28, 2006
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